CÓMO SOBREVIVIR A UN INFARTO CUANDO ESTÁS SOLO

Sentir un dolor repentino en el pecho cuando estás completamente solo puede ser una de las experiencias más aterradoras que existen. Nadie quiere imaginarse en esa situación, pero la verdad es que puede pasarle a cualquiera. Y aunque lo ideal es prevenir, también es vital saber qué hacer si un infarto te sorprende sin compañía. Porque en esos momentos, cada segundo cuenta y tus decisiones pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Muchas personas creen que un infarto siempre llega como en las películas: un dolor desgarrador, la mano en el pecho y la persona cayendo al suelo. Pero en la vida real es distinto. A veces empieza con una molestia leve, una presión rara o incluso un cansancio extraño que no encaja con tu día. Y si estás solo, es fácil restarle importancia… hasta que la situación se complica.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
Lo primero que hay que reconocer es que la mayoría de los infartos dan señales previas. Puede ser una presión en el pecho que va y viene, un dolor que se irradia al brazo izquierdo o a la mandíbula, dificultad para respirar, mareos, náuseas o incluso un sudor frío repentino. Tu cuerpo te avisa, pero muchas veces no lo escuchamos porque estamos ocupados, distraídos o simplemente porque no creemos que nos pueda pasar.

Si estás solo y empiezan estos síntomas, lo peor que puedes hacer es ignorarlos. Tu instinto podría decirte: “Déjame sentarme un rato, quizá se me pasa”. Pero los infartos no funcionan así. Si algo se siente mal, muy mal, es por una razón.

Lo primero —y más urgente— es pedir ayuda inmediatamente. Incluso si no estás seguro al 100% de que se trata de un infarto, llama a los servicios de emergencia. No esperes que el dolor empeore para marcar. En países como República Dominicana, por ejemplo, puedes llamar al 9-1-1 y describir tus síntomas. Ellos no te van a juzgar ni te van a decir que estás exagerando. Su trabajo es responder ante cualquier señal de alarma, y un dolor en el pecho siempre lo es.

Ahora bien, ¿qué puedes hacer en esos minutos críticos mientras llega la ayuda? Lo primero es mantener la calma, aunque suene imposible. El estrés acelera el ritmo cardíaco, y si tu corazón ya está sufriendo, solo lo empeora. Respira lento, profundo, y trata de conservar la compostura. Piensa en esto como tu primera herramienta de supervivencia.

Luego, si tienes a la mano aspirina, tómala. Muerde y mastica una aspirina de dosis normal (325 mg) si no eres alérgico y si no tienes enfermedades o tratamientos que te lo impidan. Masticarla hace que el medicamento entre más rápido al torrente sanguíneo. La aspirina ayuda a que la sangre circule con más facilidad, reduciendo la posibilidad de que el coágulo avance o empeore.

Algo que muchas personas creen, pero que los médicos han aclarado una y otra vez, es que NO debes intentar hacerte “tos-cardiopulmonar”, es decir, intentar sobrevivir tosiendo fuerte repetidamente como si eso pudiera reiniciar tu corazón. Esa técnica se ha hecho viral muchas veces, pero no es segura ni está recomendada por los expertos. Si intentas esto sin supervisión, puedes empeorar la situación.

Lo que sí puedes hacer es colocarte en una posición que facilite la respiración. Busca una superficie firme, siéntate con la espalda recta y recargada ligeramente hacia atrás, como en un ángulo de 45 grados. Esta posición ayuda a que los pulmones trabajen mejor y reduce el esfuerzo del corazón. Evita acostarte completamente, ya que eso podría empeorar la sensación de ahogo.

Si tienes el teléfono cerca, mantenlo a tu lado. No camines demasiado ni trates de “hacer vida normal” mientras esperas ayuda. Cualquier esfuerzo innecesario puede aumentar el daño. Lo importante en ese momento es reducir al mínimo la carga de trabajo de tu corazón.

Algo que pocas personas consideran —y que puede salvar vidas— es asegurar que la puerta esté abierta. Si sientes que podrías perder el conocimiento, deja la puerta destrancada para que los socorristas puedan entrar sin obstáculos. Hay casos donde los paramédicos llegan a tiempo, pero pierden minutos valiosísimos intentando romper la puerta. Un detalle tan simple puede marcar toda la diferencia.

Durante un infarto, la mente juega un papel enorme. Puede que sientas miedo, pensamientos negativos e incluso la sensación de que “esto es el final”. Pero aferrarte a la calma y mantenerte consciente es crucial. Habla en voz alta, incluso si estás solo. Decirte a ti mismo cosas como “respira”, “todo va a estar bien”, “ya viene la ayuda” puede ayudarte a mantenerte alerta.

Si empiezas a sentir que podrías desmayarte, no luches por mantenerte de pie. Acostarte de lado, con las piernas ligeramente dobladas, puede ayudar a mantener la circulación y evitar que te golpees la cabeza al perder el conocimiento. Esa postura también permite que sigas respirando mejor en caso de vómito.

Es importante también comprender algo que muchos no saben: un infarto no siempre es súbito. Puede durar minutos, incluso horas, con síntomas que van y vienen. Esto hace que muchas personas duden y digan “no puede ser un infarto si no es un dolor fuerte constante”. Y esa duda es exactamente lo que pone vidas en riesgo. Mejor equivocarse pidiendo ayuda que lamentarlo después.

También vale la pena mencionar que, después de un infarto, muchas personas entran en un modo de negación total. “No puede ser, yo estoy bien”. “Seguro es gastritis”. “Debe ser el estrés”. Pero cuando estás solo, ese tipo de pensamiento puede ser fatal. Escucha tu cuerpo. Si algo te dice que algo no está bien, atiende esa voz interna.

En resumen, la supervivencia en un infarto cuando estás solo depende de cuatro pasos clave:

Reconocer los síntomas desde temprano.

Llamar a emergencias sin esperar ni un minuto.

Tomar aspirina si puedes y ponerte en una posición segura.

Evitar esfuerzos y mantener la calma hasta que llegue ayuda.

Nadie quiere estar solo en un momento así, pero la vida es impredecible y más vale estar preparado. Saber qué hacer puede marcar la diferencia entre ver otro amanecer… o no.

Y un último consejo: si has tenido síntomas extraños o dolores sospechosos más de una vez, no lo dejes pasar. Hazte chequeos, revisa tu presión, tu colesterol, tu glucosa y consulta a un médico. El cuerpo siempre habla, solo hay que aprender a escucharlo. Cuidarte hoy puede salvarte mañana.

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