“Uñas de viejo”: qué significan estos cambios y por qué aparecen con el paso de los años
Seguro lo has escuchado alguna vez. Tal vez lo dijo tu abuela, una tía o incluso tú mismo frente al espejo: “Eso son uñas de viejo”. La expresión es popular, directa y hasta un poco cruel, pero se usa para describir esos cambios que aparecen en las uñas con el paso del tiempo: se vuelven más gruesas, amarillentas, frágiles, con estrías o deformaciones que antes no estaban ahí. Y aunque el nombre suene exagerado, lo cierto es que las uñas sí cambian con la edad… y mucho.
Las uñas, al igual que la piel o el cabello, también envejecen. Son una parte viva de nuestro cuerpo que responde a los años, a la salud general, a la alimentación y hasta a los hábitos diarios. Por eso, cuando empiezan a verse diferentes, no es solo una cuestión estética. Muchas veces, son una pequeña ventana que nos da pistas sobre lo que está pasando por dentro.
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¿Qué son exactamente las llamadas “uñas de viejo”?
Cuando la gente habla de “uñas de viejo”, generalmente se refiere a uñas que han cambiado su aspecto normal. Pueden verse más opacas, amarillas, con surcos profundos, más duras o, por el contrario, quebradizas. En algunos casos crecen más lento, se deforman o adquieren una textura irregular que llama la atención.
Este término no es médico, claro está. Es una expresión popular que engloba varios cambios normales del envejecimiento, aunque también puede incluir alteraciones causadas por enfermedades, déficits nutricionales o problemas circulatorios. Es decir, no todo lo que parece “de viejo” lo es realmente.
El paso del tiempo y su impacto en las uñas
A medida que envejecemos, el cuerpo reduce la velocidad con la que se regeneran las células. Esto afecta directamente a las uñas. Cuando somos jóvenes, crecen rápido, fuertes y con una apariencia uniforme. Con los años, ese ritmo se ralentiza y las uñas empiezan a reflejarlo.
Uno de los cambios más comunes es el crecimiento más lento. Tal vez no lo notes al principio, pero llega un momento en el que te das cuenta de que ya no necesitas cortarlas tan seguido como antes. Además, la producción de queratina —la proteína principal de las uñas— puede disminuir o alterarse, lo que influye en su resistencia y apariencia.
Estrías: esas líneas que aparecen sin avisar
Las estrías longitudinales, esas líneas que van desde la base hasta la punta de la uña, son probablemente uno de los signos más frecuentes. Muchas personas se alarman al verlas, pero en la mayoría de los casos son completamente normales y están relacionadas con el envejecimiento natural.
Es algo parecido a las arrugas en la piel. Con el tiempo, la superficie deja de ser lisa y perfecta. Sin embargo, cuando las estrías son muy profundas, aparecen de forma repentina o vienen acompañadas de otros síntomas, conviene prestar atención, ya que también pueden estar relacionadas con problemas de salud.
Uñas más gruesas y duras: ¿por qué pasa?
Otro cambio típico es el engrosamiento de las uñas, especialmente en los pies. Esto puede deberse a una menor circulación sanguínea, algo bastante común con la edad. Al llegar menos nutrientes a la zona, la uña puede crecer de forma irregular y más compacta.
También influyen factores externos, como el uso constante de calzado cerrado, la presión repetida sobre los dedos o pequeñas infecciones por hongos que, con los años, se vuelven más frecuentes y persistentes. Muchas veces, este engrosamiento se confunde con falta de higiene, cuando en realidad tiene más que ver con procesos internos del cuerpo.
El color amarillo y otros cambios de tono
Las uñas sanas suelen tener un tono rosado y uniforme. Con el paso del tiempo, es común que se tornen más amarillas u opacas. Esto puede estar relacionado con el envejecimiento natural, pero también con hábitos como fumar, el uso frecuente de esmaltes oscuros o la exposición a ciertos productos químicos.
En otros casos, el cambio de color puede ser una señal de problemas más específicos, como infecciones por hongos, enfermedades respiratorias o alteraciones metabólicas. Por eso, aunque no siempre sea grave, tampoco conviene ignorarlo del todo.
Fragilidad: cuando las uñas se quiebran por todo
Muchas personas mayores se quejan de que sus uñas ya no son lo que eran. Se parten, se descaman o se rompen con facilidad. Esto suele estar relacionado con la deshidratación, tanto interna como externa. Con la edad, el cuerpo retiene menos agua, y las uñas lo resienten.
Además, la falta de ciertos nutrientes, como hierro, zinc o vitaminas del complejo B, puede hacer que las uñas pierdan fuerza. A esto se suma el contacto frecuente con agua, detergentes y productos de limpieza, que terminan debilitándolas aún más.
¿Es solo la edad o hay algo más detrás?
Aunque muchos cambios en las uñas son parte normal del envejecimiento, no todo se debe a la edad. Algunas enfermedades pueden manifestarse primero en las uñas antes de dar otros síntomas más evidentes.
Problemas de tiroides, anemia, diabetes, trastornos circulatorios y enfermedades hepáticas pueden reflejarse en su aspecto. Por eso, si las uñas cambian de forma brusca, duelen, se despegan o presentan manchas oscuras, lo más sensato es consultar con un profesional de la salud.
El papel de la alimentación en la salud de las uñas
La alimentación juega un rol clave, tengamos la edad que tengamos. A lo largo de los años, si la dieta no es equilibrada, el cuerpo empieza a pasar factura, y las uñas suelen ser de las primeras en mostrarlo.
Una dieta pobre en proteínas, vitaminas y minerales puede acelerar el deterioro de las uñas. Incorporar alimentos ricos en biotina, hierro, calcio y omega 3 puede marcar una diferencia notable, incluso en personas mayores. No se trata de milagros, sino de darle al cuerpo lo que necesita para funcionar mejor.
Cuidados básicos que marcan la diferencia
Aunque no se puede detener el paso del tiempo, sí se pueden mejorar muchos de los cambios que aparecen en las uñas. Mantenerlas hidratadas, cortarlas correctamente y evitar golpes o presión excesiva ayuda más de lo que parece.
Usar cremas hidratantes específicas para manos y uñas, protegerlas al hacer tareas domésticas y evitar el uso excesivo de productos agresivos puede prolongar su buen aspecto. En el caso de las uñas de los pies, un cuidado regular y una buena higiene son fundamentales para prevenir problemas mayores.
Aceptar los cambios sin descuidarse
Es importante entender que envejecer no es sinónimo de descuido. Las llamadas “uñas de viejo” no deberían ser motivo de vergüenza, sino una señal de que el cuerpo ha recorrido un largo camino. Aun así, prestarles atención es una forma de cuidar la salud general.
Escuchar al cuerpo, observar sus señales y actuar a tiempo puede prevenir complicaciones innecesarias. Las uñas, aunque pequeñas y muchas veces ignoradas, dicen más de nosotros de lo que imaginamos.
Una mirada más amable al paso de los años
Al final del día, las uñas cambian porque nosotros cambiamos. Porque vivimos, trabajamos, envejecemos y seguimos adelante. Llamarlas “uñas de viejo” puede sonar gracioso, pero también nos recuerda que el cuerpo habla, y vale la pena escucharlo.
Con información, buenos hábitos y un poco de paciencia, es posible mantener uñas saludables a cualquier edad. No se trata de volver atrás, sino de avanzar cuidándonos mejor.