¿Qué es un aneurisma y por qué deberíamos conocerlo mejor?

Cuando se trata de temas de salud, hay palabras que suenan alarmantes, pero que pocas personas entienden realmente. “Aneurisma” es una de ellas. A veces la escuchamos en una noticia, en una conversación médica o incluso en alguna historia de alguien que sufrió uno de estos eventos, pero sin comprender bien qué significa ni por qué puede ser tan grave. Entender qué es un aneurisma, cómo se forma y qué señales puede darnos el cuerpo, puede literalmente salvar vidas.

Un aneurisma es como una bomba de tiempo silenciosa. No duele, no avisa con claridad, y en muchos casos pasa desapercibido hasta que se rompe o provoca una emergencia. Por eso, conocerlo no solo es importante, sino necesario, especialmente si tenemos factores de riesgo como hipertensión, tabaquismo o antecedentes familiares.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.

Para explicarlo de manera sencilla, imagina una manguera de agua. Si un punto de esa manguera se debilita, el flujo constante de agua puede hacer que esa zona se dilate, formando una especie de “bolsita” o abultamiento. Con el tiempo, esa parte se vuelve cada vez más frágil y, si la presión sigue aumentando, puede llegar a romperse. Algo muy parecido ocurre dentro de nuestro cuerpo cuando se forma un aneurisma: una parte de una arteria se debilita y se ensancha peligrosamente.

Los aneurismas pueden desarrollarse en distintas partes del cuerpo, pero los más comunes son los cerebrales (que afectan las arterias del cerebro) y los aórticos (que se presentan en la arteria aorta, la más grande del cuerpo). Sin embargo, también pueden formarse en otras zonas como las arterias de las piernas, el cuello o el abdomen. El problema principal es que muchas veces no causan síntomas hasta que es demasiado tarde.

Aneurisma cerebral: el enemigo silencioso del cerebro

Cuando un aneurisma se forma en el cerebro, puede permanecer estable durante años sin generar molestias. Pero si llega a romperse, provoca lo que se conoce como hemorragia subaracnoidea, una emergencia médica que puede ser mortal o dejar secuelas severas. Las personas que han sobrevivido a un aneurisma cerebral describen el dolor como un “dolor de cabeza que nunca habían sentido antes”, intenso y repentino, como si algo explotara dentro de la cabeza.

Además de ese dolor súbito, otros síntomas pueden incluir visión borrosa, rigidez en el cuello, náuseas, vómitos, confusión o pérdida del conocimiento. Pero incluso antes de romperse, algunos aneurismas cerebrales pueden provocar señales sutiles, como cambios en la visión, párpados caídos o dolor localizado en la cabeza. Estos signos deben tomarse muy en serio, sobre todo si se combinan con factores de riesgo.

Aneurisma aórtico: una amenaza en el pecho o el abdomen

La arteria aorta lleva la sangre desde el corazón hacia el resto del cuerpo, por lo que cualquier debilitamiento en su pared puede ser sumamente peligroso. Cuando el aneurisma se forma en la parte torácica (en el pecho), puede causar dolor en el pecho, la espalda o la mandíbula. En cambio, si se encuentra en la parte abdominal, es posible sentir una pulsación en el abdomen, acompañada a veces de dolor o sensación de presión.

Pero, igual que ocurre con los cerebrales, los aneurismas aórticos pueden no dar señales hasta que alcanzan un tamaño grande o se rompen. Y cuando eso sucede, la pérdida de sangre interna es tan rápida que requiere atención médica inmediata. Por eso, los chequeos preventivos son fundamentales, especialmente en hombres mayores de 60 años o en personas con antecedentes familiares de aneurisma.

¿Por qué se forman los aneurismas?

No hay una única causa, pero sí varios factores que pueden debilitar las paredes de las arterias con el tiempo. Entre ellos, la hipertensión arterial es uno de los más importantes, ya que la presión constante sobre los vasos sanguíneos los obliga a trabajar más de la cuenta. También el tabaquismo, que daña los tejidos y acelera el deterioro de las arterias. El colesterol alto, la obesidad y la edad avanzada son otros factores que aumentan el riesgo.

En algunos casos, los aneurismas pueden tener un componente genético. Es decir, si alguien en tu familia ha tenido uno, es recomendable hacerse chequeos médicos con más frecuencia. Las enfermedades del tejido conectivo, como el síndrome de Marfan o el Ehlers-Danlos, también pueden predisponer al desarrollo de aneurismas debido a la debilidad estructural de los vasos.

Síntomas que pueden ser señales de advertencia

Aunque muchos aneurismas son silenciosos, hay algunos signos que merecen atención. En el caso de los aneurismas cerebrales, el dolor de cabeza intenso, la visión doble o la rigidez del cuello son las principales señales. En los aórticos, un dolor persistente en el pecho, la espalda o el abdomen, acompañado de una sensación de latido fuerte en el vientre, puede ser una pista importante.

Si el aneurisma se rompe, los síntomas aparecen de manera repentina y severa: pérdida de conocimiento, dificultad para respirar, sudoración intensa, piel fría o pálida, y dolor insoportable. En ese punto, cada segundo cuenta. Llamar a los servicios de emergencia de inmediato puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Diagnóstico y prevención: la mejor defensa

La buena noticia es que los aneurismas pueden detectarse antes de que se conviertan en una amenaza. Pruebas de imagen como la tomografía, la resonancia magnética o el ultrasonido abdominal permiten identificar estas dilataciones con precisión. En personas de alto riesgo, los médicos suelen recomendar exámenes periódicos para monitorear cualquier cambio.

En cuanto a la prevención, no hay milagros, pero sí hábitos que ayudan enormemente. Mantener la presión arterial bajo control, evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol y llevar una dieta balanceada son pasos fundamentales. El ejercicio regular también mejora la salud de los vasos sanguíneos y contribuye a mantener un peso adecuado, reduciendo así la carga sobre el sistema circulatorio.

Tratamientos disponibles

Si se detecta un aneurisma a tiempo, el tratamiento depende de su tamaño, ubicación y riesgo de ruptura. En algunos casos, el médico puede optar por una vigilancia periódica con estudios de imagen. Pero si el aneurisma es grande o muestra señales de que podría romperse, se requiere una intervención quirúrgica.

En los aneurismas cerebrales, los tratamientos más comunes son el “clipaje” (colocar una pequeña pinza en la base del aneurisma para aislarlo del flujo sanguíneo) o el “embolizado”, donde se introducen microespirales que sellan el aneurisma desde dentro. En los aórticos, existen procedimientos llamados “endoprótesis” que refuerzan la pared del vaso mediante una especie de tubo interno.

La importancia de escuchar al cuerpo

Los aneurismas son un recordatorio de que nuestro cuerpo suele avisar antes de colapsar, aunque a veces no lo escuchemos. Un dolor persistente, una sensación extraña o una molestia sin causa aparente pueden ser señales de que algo no anda bien. Ignorarlas o posponer una consulta médica puede tener consecuencias graves.

Hablar de aneurismas no es para asustar, sino para crear conciencia. La mayoría de las personas que los descubren a tiempo pueden tratarlos y seguir con su vida normalmente. Lo importante es no esperar a que el cuerpo grite lo que ya lleva tiempo susurrando.

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