Qué son los acrocordones y por qué aparecen: guía clara para identificarlos
Es común que, al mirarte en el espejo o al sentir la piel del cuello, las axilas o la zona de las ingles, notes pequeñas protuberancias que antes no estaban allí. Muchas personas las describen como “bolitas de piel” y suelen generar dudas o preocupación. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos pequeños crecimientos corresponden a acrocordones, también llamados fibromas blandos, formaciones cutáneas benignas que aparecen con frecuencia en adultos y que, por lo general, no representan un riesgo para la salud.
A diferencia de lo que algunos creen, estas lesiones no son verrugas. Las verrugas están asociadas al virus del papiloma humano (VPH), mientras que los acrocordones no tienen origen viral. Se forman cuando pequeños fragmentos de piel se desarrollan de manera superficial en zonas donde hay roce constante o pliegues, lo que explica por qué suelen surgir en áreas como el cuello, las axilas, los párpados o la entrepierna.
Aunque los acrocordones son inofensivos, su aparición está relacionada con ciertos factores de riesgo que pueden hacer que algunas personas sean más propensas a desarrollarlos. Entre ellos, los especialistas mencionan el sobrepeso y la obesidad, condiciones que aumentan la fricción en los pliegues cutáneos. También se observan con frecuencia en quienes presentan diabetes o resistencia a la insulina, ya que estas alteraciones metabólicas parecen influir en la forma en que la piel responde a estímulos cotidianos.
Los cambios hormonales, como los que ocurren durante el embarazo, también pueden favorecer el desarrollo de estas lesiones. En algunas mujeres, los acrocordones aparecen repentinamente en esta etapa y pueden multiplicarse en poco tiempo. Asimismo, el uso continúo de collares, prendas ajustadas o tejidos que rozan repetidamente la piel puede estimular la formación de estos pequeños crecimientos. La predisposición genética juega igualmente un papel importante, ya que muchas personas heredan la tendencia a formarlos a lo largo de su vida adulta.
A pesar de que los acrocordones se consideran una condición benigna, es fundamental no dar por hecho que cualquier cambio en la piel pertenece a esta categoría. Algunas lesiones pueden confundirse con verrugas, lunares atípicos o incluso con tumores cutáneos, por lo que un diagnóstico adecuado resulta clave. Precisamente por eso, los especialistas recomiendan acudir a un dermatólogo cuando una de estas protuberancias genera dudas, cambia de aspecto o causa molestias.
La evaluación profesional permite determinar si se trata efectivamente de un acrocordón y, en caso de querer retirarlo, hacerlo de manera segura. Existen diferentes métodos médicos para su eliminación, siempre adaptados a las características de cada paciente. Intentar quitarlos en casa no es recomendable, ya que podría generar irritación, infección o una cicatrización inadecuada.
Aunque puedan resultar antiestéticos o incómodos, los acrocordones no suelen representar un problema médico grave. Sin embargo, entender qué son, por qué aparecen y cuándo consultar con un especialista permite mantener el cuidado de la piel de forma responsable. Tener información clara también ayuda a evitar confusiones con otras lesiones que requieren más atención.
Este artículo tiene fines únicamente informativos y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. Si notas cambios inesperados en tu piel, lo más apropiado es buscar una valoración médica para obtener un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado.