A veces, cuando alguien dice “me duelen las articulaciones, seguro es artritis”, realmente no sabe que podría estar hablando de dos cosas completamente diferentes. Y no es por falta de interés, sino porque por muchos años la gente ha escuchado estos dos términos como si fueran lo mismo. Artritis y artrosis suenan parecido, ambas afectan las articulaciones y las dos pueden producir dolor. Con ese panorama, es normal que cualquiera se haga un enredo tratando de diferenciarlas.
Pero aunque compartan ciertos síntomas, cada una tiene su propia historia, su origen y su forma de manifestarse. Es un poco como confundir gripe con alergia: ambas te hacen estornudar, pero no por eso son iguales. Entender esta diferencia no solo te ayuda a hablar con más claridad con tu médico, sino que también te da herramientas para identificar qué podría estar pasando en tu cuerpo.
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Para empezar con lo básico, la artritis es una inflamación de la articulación. La palabra “inflamación” es la clave aquí. En cambio, la artrosis es un desgaste del cartílago, ese tejido suave que funciona como amortiguador entre los huesos. Así que, de entrada, ya podemos ver que no vienen de la misma raíz ni tienen la misma causa. La artritis suele estar relacionada con el sistema inmunológico o con procesos inflamatorios, mientras que la artrosis tiene mucho que ver con el paso del tiempo, el uso constante de las articulaciones y, en algunos casos, antiguos golpes o lesiones.
Aun así, ambas pueden generar dolor, rigidez o dificultad para mover una articulación, y es justo ahí donde empieza la confusión. Para muchos, dolor es dolor. Y cuando el malestar aparece en rodillas, manos o caderas, rápidamente se tiende a culpar a “la artritis”, porque culturalmente es la palabra más conocida. Lo curioso es que la mayoría de personas que dice tener artritis en realidad tiene artrosis, especialmente cuando pasan de los 40 o 50 años. Pero, como el término “artritis” fue el primero en popularizarse, se quedó como el nombre genérico para cualquier padecimiento articular.
Por otro lado, la artritis puede manifestarse a cualquier edad, incluso en personas jóvenes. La artrosis, en cambio, suele aparecer con los años, como un desgaste natural del cuerpo. Es como cuando un carro tiene muchos kilómetros recorridos: poco a poco las piezas se van deteriorando. Esa es la artrosis. La artritis no sigue esa lógica; puede aparecer por un desbalance en el sistema inmunitario, por infecciones o incluso como parte de enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide.
Además, hay algo que casi nadie menciona: el tipo de dolor es diferente. En la artrosis, duele más cuando se usa la articulación; por ejemplo, cuando subes escaleras si tienes problemas en las rodillas. En la artritis, el dolor muchas veces aparece en reposo o temprano en la mañana, acompañado de inflamación y calor en la zona afectada. Pero claro, estos detalles no suelen estar en las conversaciones de la vida cotidiana, así que es normal que se mezclen los conceptos.
Otro punto que añade confusión es que ambos problemas pueden coexistir. Hay personas que empiezan con artrosis por desgaste y, más adelante, desarrollan artritis a causa de una inflamación adicional. En esos casos, identificar cuál es cuál se vuelve aún más retador, incluso para profesionales. Así que imagínate para quien simplemente siente dolor sin saber qué lo está causando.
La misma medicina ha contribuido un poco al enredo. Durante muchos años, no existía una forma tan clara de diferenciar ambas condiciones. Con el tiempo fueron apareciendo estudios, imágenes y análisis más precisos, pero la idea de que “todo dolor articular es artritis” quedó grabada en la cultura popular. Si hoy tú le preguntas a diez personas qué diferencia hay entre artritis y artrosis, lo más probable es que más de la mitad no lo sepa.
También influye la forma en que se explican estas enfermedades. A veces, un médico puede decir “tiene un tipo de artritis llamada artrosis”, porque técnicamente la artrosis es parte del conjunto de enfermedades articulares. Y aunque la frase sea correcta desde el punto de vista médico, para el paciente eso es como mezclar dos idiomas en una misma oración: lo deja más perdido que al principio.
Además, la artrosis está muy ligada al estilo de vida. El exceso de peso, las malas posturas, la falta de ejercicio, el trabajo físico intenso o las lesiones repetitivas pueden acelerar el desgaste de las articulaciones. En cambio, la artritis tiene muchas variantes, algunas de origen desconocido, donde el sistema inmunitario ataca por error los propios tejidos del cuerpo. Ese detalle, que parece técnico, cambia por completo la manera en que se trata cada enfermedad.
La artritis, por ser inflamatoria, suele requerir medicamentos que controlan esa inflamación o que regulan el sistema inmunológico. La artrosis, por su parte, se maneja con fortalecimiento muscular, fisioterapia, pérdida de peso, suplementos para cartílago y, en etapas más avanzadas, tratamientos que ayudan a mejorar la movilidad. Diferente origen, diferente tratamiento. Por eso es tan importante saber distinguir una de otra.
Pero volvamos al punto principal: ¿por qué se confunden tanto?
La respuesta corta es: porque se parecen en algunos síntomas, suenan casi igual y durante muchos años se usaron de manera intercambiable en conversaciones comunes. La respuesta larga es todo lo que hemos comentado arriba: falta de información clara, médicos usando términos técnicos, el peso cultural de la palabra “artritis”, y el hecho de que ambas afectan las articulaciones, aunque por razones completamente distintas.
Si lo analizamos bien, también hay un componente emocional. Cuando a alguien le dicen “tiene artrosis”, muchas personas no han oído la palabra antes, así que les suena como algo nuevo, extraño o incluso más grave. En cambio, cuando escuchan “artritis”, sienten que ya han oído ese término y lo entienden mejor. Paradójicamente, esa familiaridad es la que causa que todos metan en el mismo saco problemas que no son iguales. Es como llamar “resfriado” a cualquier malestar respiratorio, aunque a veces es alergia, gripe o sinusitis.
Y aquí viene otra parte interesante: la artrosis también se conoce como osteoartritis. Sí, así mismo. Y aunque es un nombre médico oficial, para el oído común suena a “otra artritis más”. Entonces imagina a alguien que ya está confundido tratando de entender qué le pasa. Por eso, en muchos países se está dejando de usar el término “osteoartritis” para evitar confusiones, pero todavía está muy presente en las consultas y en los informes médicos.
Ahora bien, ¿qué debería hacer una persona para saber si tiene artritis o artrosis?
Primero, no adivinar. El cuerpo te avisa, pero el diagnóstico real lo da un médico con estudios adecuados: radiografías, análisis de sangre, examen físico y, en algunos casos, resonancias. Una radiografía puede mostrar desgaste típico de la artrosis, mientras que ciertos análisis pueden indicar inflamación o actividad del sistema inmunitario, más propio de la artritis. Una vez que se sabe qué tipo de problema es, se puede dar el tratamiento correcto.
Otra clave es escuchar el cuerpo. Si te duelen las articulaciones especialmente cuando las usas, podría apuntar más a artrosis. Si el dolor viene acompañado de hinchazón, calor y rigidez matutina que mejora con el movimiento, la artritis puede estar detrás. Y si no estás seguro, mejor no asumir; consulta y sal de dudas.
También es importante entender que ninguna de las dos enfermedades significa “fin de la movilidad”. Con el tratamiento adecuado, muchas personas con artritis controlan su inflamación y llevan una vida normal. Lo mismo pasa con la artrosis: hay quienes fortalecen sus músculos, ajustan su rutina diaria y mejoran notablemente. La clave está en saber qué tienes y actuar con esa información.
En resumen, la confusión entre artritis y artrosis nace de similitudes superficiales, falta de información, costumbre cultural y, en parte, del lenguaje médico que no siempre se explica de forma clara. Pero una vez que entiendes la diferencia esencial —inflamación versus desgaste— todo empieza a encajar y se vuelve más fácil reconocer qué podría estar pasándote.
Lo ideal es dejar de usar “artritis” como etiqueta general para cualquier dolor articular. Cada cuerpo cuenta una historia distinta y prestar atención a esos detalles puede marcar la diferencia entre vivir con molestias innecesarias o encontrar un tratamiento que realmente funcione.
Al final del día, conocer tu propio cuerpo siempre será tu mejor herramienta. Y cuanto más sepamos diferenciar artritis de artrosis, menos confusiones habrá y mejor podremos cuidar nuestras articulaciones a largo plazo.
